martes, 22 de mayo de 2012

Reencuentro


Iba caminando hacia la entrada del recinto, las manos apretadas, los brazos tensos y los ojos fijos en esa puerta decorada sutilmente con globos de colores y una pancarta en la que se leía “Bienvenidos curso del 2000”. No se podía creer que al final Juan la hubiera convencido para ir, había insistido tanto en que debía estar allí, que al final por no oírle aceptó la invitación que había llegado a su email unos días antes.
Pero realmente no quería estar allí, en ese polideportivo cutre, reencontrarse con sus compañeros de carrera le apetecía, pero ¿Y si estaba ella? Ese era su mayor temor, encontrarla, no podría soportar ver a la que había sido y seguía siendo la causa de sus mayores alegrías y penas, aunque nadie lo supiera. Todo había empezado como una locura de juventud, pero poco a poco se fue convirtiendo en algo más, al menos para una de ellas. Para la otra, la cobarde, fue algo que terminó con el final del último año, para luego volver a su vida correcta y previsible. Seguro que estaba allí con su marido pavoneándose de sus tres niños y el perro.

Entre pensamientos se encontró delante de la puerta, estaba oscuro, dentro se oía la música pero para llegar debía atravesar un largo pasillo era su oportunidad, podía huir. ¿Huir? No, los años le habían enseñado a ser fuerte y soportar las miradas mientras llevaba la coraza de “soy lesbiana y me resbala lo que penséis”. Suspiró, tenía los puños tan apretados que las uñas se habían marcado en la palma, cerró los ojos un instante y lentamente abrió la puerta. Otro pasillo, parecía que no terminaría nunca. A su mente vinieron imágenes de su sonrisa, su pelo negro azabache, su piel blanca y suave, su piel… se detuvo. Debía dejar de recordarla, habían pasado cuanto. ¿10 años? ¿Era posible seguir enamorada de alguien después de tanto tiempo? Por su bien se mentalizó que tan solo era un recuerdo, los recuerdos son traicioneros y malvados, pero ella lo había superado, había madurado y aunque no había logrado tener una relación estable en esos diez años, eso no quería decir que la siguiera queriendo.  
Otra puerta, la abrió, esta vez con decisión y allí estaba, era su baile de graduación, parecía que el tiempo hubiera retrocedido a aquella noche en que se vieron por última vez, la noche en que su corazón se rompió para siempre. Inconscientemente la buscó por la sala y la encontró, estaba preciosa, perfecta, riéndose mientras alguien le daba la mano, un hombre. Lógico pensó. ¿Cómo iba a ser de otra manera? La voz de alguien llamándola hizo que sacase los ojos de ella, Mónica, probablemente la chica más pesada que había conocido nunca se le había acercado y la abrazó para luego empezar a hablar efusivamente, pero ella no la oía, sus ojos se habían encontrado con los de ella que al notar su presencia se había girado y la miraba con tan intensidad que sintió que le faltaba el aire.
Sin dejar de mirarse se fueron acercando la una a la otra, era como si una fuerza invisible tirara de ella. Al llegar a su altura, escuchó su voz aterciopelada o eso le pareció. ¿Qué le había dicho? Contesta, pensaba mientras no le salía la voz, solo podía mirarla, ¡para! Se decía, deja de mirarla así. Recuerda que te hizo. Todo era culpa de los recuerdos, se repitió.
-          ¿Maya? – esta vez sí la había escuchado.
-          Ehem… hola Lola… ¿Cómo estás?   
-          Bien, muy bien la verdad – ¿se había sonrojado y bajado la mirada? Imposible.
-          Me alegro, bueno tengo que… ya nos vemos por aquí – se dio la vuelta y se alejó de ella y esos sentimientos que seguían allí aunque hubiera intentado ocultarlos.
Debía irse de allí, venir había sido la peor de las ideas quería escapar, entonces una mano la sujetó. Se dio la vuelta y de nuevo allí estaba. ¿No la podía dejarla en paz? Su cara debió reflejar ese pensamiento porque se puso seria de golpe.
-          No quería molestarte perdona – dijo dándose la vuelta.
-          No me has molestado – habló sin pensar – ¿Qué querías?
-          Hablar contigo. – dijo mientras la miraba de nuevo con esa intensidad que la dejaba sin aliento – hacía mucho que no nos veíamos.
-          Casi diez años – sonó dura esa frase y lo sabía.
-          Si… - de nuevo miró sus manos parecía nerviosa, antes eso le habría parecido tierno pero ahora, no sabía que pensar – no me porté muy bien esa noche. ¿Verdad?
-          No mucho, pero fuiste muy clara – su tono de voz había adquirido esa dureza ensayada durante años, sus ojos se clavaron en los de ella de un modo diferente a como la miraba diez años atrás – aunque eso es pasado.
-          Si, pasado.
De pronto notó como rozaba su mano tirando levemente de ella y sin saber porque, aunque lo sabía y sin querer, aunque quería, se dejó llevar fuera de la sala, a la zona apartada y más oscura donde solo se podían ver sus siluetas bajo las sombras.
-          Quería pedirte perdón Maya. – dijo sin previo aviso mirándola directamente a los ojos y a escasos centímetros de su rostro – me porté como una cobarde y una estúpida esa noche.
-          Ahora ya no importa Lola, como te he dicho es pasado, estos diez años me han ayudado a superarlo – lo dijo sabiendo que ni ella misma se lo creía.
-          Me alegro, yo he pensado muchas veces en ti… - se acercó aun mas a su rostro y ella se apartó.
-          ¿Qué tal el chico con el que has venido? Os he visto bien juntos. – no había podido disimular los celos y Lola lo notó.
-          ¿Miguel?
-          Sí, el que te daba la mano cuando nos hemos visto.
-          Miguel es mi mejor amigo, solo eso – porque le daba esas explicaciones, que más le daba a ella. ¿Había dicho amigo? ¡No sonrías! – en realidad no estoy con nadie ahora mismo. ¿Y tú?
-          ¿Yo? Pues… - quiso mentir, pero no pudo – pues hace poco que lo dejé con mi novia.
-          Bien – ¿había sonreído? ¿Bien? – porque solo he venido a este estúpido baile para verte a ti.
Y ahí todas sus defensas cayeron. ¿Cómo iba a resistirse a eso? Se acercaron y besaron, llevaba diez años añorando sus besos. ¿Cómo puede ser que añorase tanto sus besos? Todos los sentimientos, ocultos, volvieron a ella y entonces se acordó. Seguía siendo la misma, se separó y miró esos ojos que ahora la miraban algo desconcertada. Habían pasado diez años, pero seguía amándola como el primer día y doliéndole como el último, allí estaba, escondidas del mundo, no quería volver a pasar por eso. Sin decir una palabra se dio la vuelta y la dejó allí, no quería ser un secreto y con ella era lo único que sería. Las lagrimas empezaron a mojar sus mejillas, no debía haber ido a ese estúpido baile, no quería verla y menos aun seguir queriéndola como realmente lo hacía. ¿Cómo iba a sacarse a alguien de dentro cuando simplemente la tenía anclada en el alma? Lloraba mientras andaba rápidamente por la pista hacía la puerta y de nuevo esa mano la detuvo, no quería girarse y verla, pero aun menos no hacerlo. Cerró los ojos y entonces sintió como la mano se posaba en su mejilla y la obligaba a darse la vuelta para besarla de nuevo.  
-          ¿Qué… que haces?
-          Demostrarte porque he venido hoy aquí – había algo nuevo en sus ojos, algo en lo que antes no había caído – te quiero, te he querido desde que nos vimos en la biblioteca en el pasillo de Historia del Arte. En el pasado fui una cobarde y no quiero serlo de nuevo. Ya no tengo miedo a lo que dirán, entendí hace tiempo que sentirme así es lo correcto. A lo único que ahora temo es a no poder recuperarte, porque mi vida no tiene sentido sin ti – sus ojos se llenaron de lagrimas, iba a decir algo más pero la interrumpió con un beso.
-          ¿Por qué has tardado tanto? – dijo abrazándola con fuerza.
-          Lo sé, lo siento, te quiero – se miraron y de nuevo se besaron.  
El resto de los presentes al baile se limitaron a ver la escena emocionados, sobretodo uno, el artífice de todo, ese amigo que había estado al lado de las dos en esos diez años y que siempre había sabido que estaban hechas la una para la otra. Juan se secó una lágrima y sonrió, al final sí existían los finales felices.

FIN

1 comentario:

  1. Esta historia la escribí en el 2010, es raro a veces leerme y darme cuenta que con los pasos de los años he mejorado bastante, aunque la esencia sigue siendo la misma. Antes de publicarlo lo he corregido, espero que os guste.

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