sábado, 28 de abril de 2012

El ascensor


Tumbada en el sofá sonreía al pensar como había acabado allí, a veces los días normales se pueden convertir en el mejor día de tu vida.  
Eran las 8 de la mañana, como siempre iba tarde así que cuando se abrieron las puertas del ascensor entró sin mirar, la pobre chica que estaba junto a la puerta se llevó un buen golpe. Levantó la mirada y se encontró con esos enormes ojos verdes de los que quedó inmediatamente prendada.
- Lo siento – dijo – no te he visto.
- Ya lo he notado – había sonado realmente brusca, cosa que extrañamente no le molestó, todo lo contrario.
- ¿Bajas? – le sonrió sin poder dejar de mirarla.
- Sí – había bajado la mirada sonrojada al notar como no le sacaba los ojos de encima.
Picó de nuevo a la “B” y el ascensor siguió su camino, no hablaron, simplemente dejaron que las acompañara el silencio. Estaban en la planta 2 cuando se detuvo de nuevo, ella miró extrañada porque las puertas no se abrían y se dio cuenta que nadie había picado, simplemente ese viejo ascensor se había parado, otra vez.
- Creo que se ha quedado parado – dijo dándole a la “B” de nuevo, pero sin resultado.
- ¿Qué? – pudo notar su miedo en la voz – ¿no va?
- Tranquila, suele pasar – le dio a la alarma con calma.
- ¿Pero nos sacaran? – estaba realmente asustada y eso le pareció encantador.
- Claro, le das a la alarma y en 10 minutos estamos fuera – no era la primera vez que le pasaba.
- Vale – se acercó a la pared del fondo temblando aunque intentara disimular – no me gustan mucho los ascensores.
- Ni a mi – dijo mirándola con una sonrisa para que se relajara – me llamo Ana por cierto – le tendió la mano.
- Ilia – al unir sus manos pudieron notar como una corriente las recorría de pies a cabeza.
- ¿Ilia? – separando rápidamente las manos – que nombre más raro.
- Mi abuela se llamaba así – dijo mirando al suelo sonrojándose sin saber porqué – es de origen irlandés.
- Es raro pero bonito.
- Gracias – la miró directa a los ojos y la fulminó ahora era ella la que tenía que apoyarse en la pared.
Estuvieron en silencio unos minutos, mirando a todas partes, menos la una a la otra. Pasaron los diez minutos, pero no se oía nada, supongo que a las 10 de la mañana no habría nadie que lo escuchara. Ana volvió a darle a la alarma, se estaba poniendo nerviosa y no entendía porque.
- ¿Y hace mucho que vives en este edificio? – preguntó para romper ese silencio que ya empezaba a ser incómodo.
- Me he mudado hace unas semanas, al quinto A.
- ¿Ah si? – esta vez la miró sin querer – yo vivo en el cuarto A, así que estas encima de mí. – se había alegrado mucho más de lo necesario, pensó.
- Mira que bien, ya conozco a alguna vecina – sonrió y… sintió que faltaba el aire.
- Si aunque no de la mejor forma – hacer chistes malos era una autodefensa bien estudiada.
- Ya…
Y de nuevo el incomodo silencio.
- ¿Y vives sola?
- Pues… - ¿dudaba? ¡Mierda! – la verdad es que no – lo sabía – vivo con Boby – vaya nombre para un novio pensó – mi Gran Danés – ¿Gran Danés? ¿Su perro favorito? ¡Vamos hombre!
- Vaya, yo tengo una gata, Lucy – de nuevo sonrió, cada vez le gustaba más estar en ese ascensor – y que te ha traído a Barcelona, porque no eres de aquí ¿no? – vaya preguntas más estúpidas, pregúntale si es lesbiana y ¡bésala! Se autorecriminó
- Pues trabajo, ya ves que original, soy arquitecto y trabajo para una empresa que hace construcciones a escala nacional, me paso la vida viajando.
- Ahm… - ¿arquitecto? Edificio, habitaciones, camas… ¡vuelve a la tierra Ana!
- ¿Y tú? ¿A qué te dedicas?
- Pues yo soy veterinario, trabajo en una clínica que está aquí cerca.
- ¿VetSan?
- Si, ¿la conoces? – sonó más entusiasmada de lo necesario.
- Claro, es donde llevé a Boby la semana pasada cuando me vine, le tocaban las vacunas.
- Vaya pues que lastima no nos viéramos antes, porque te habría atendido personalmente, bueno al perro, ya… ya me entiendes… – bajó la mirada intentando no parecer idiota, cosa complicada después de esa magnífica frase.
- Pues si una lástima – eso había sonado a ¿coqueteo? – a Boby le habrías encantado – si definitivamente era coqueteo.
- Ehem… y… - uff que calor – ¿y a tu novio no le importa que viajes tanto? – sutil Ana muy sutil…
- Bueno, digamos que ahora mismo al único que le importa es a Boby. – eso no había sido un no, aunque tampoco un sí, vaya.
- Ya…
- Y a tu novio, ¿le gustan los animales? – vaya la sutileza no era su fuerte tampoco – pues no tengo novia – ¿ves? Así es como se debe contestar – y si tuviera tendrían que gustarle porque yo sin animales no sé vivir.
- Vaya, así que novia – ¿sonreía? Sí, eso era definitivamente la sonrisa más preciosa que había visto jamás.
Iba a continuar cuando el ascensor se puso en marcha, vaya hombre, pensaron. Lentamente llegó a la planta baja y se abrieron las puertas, el portero las miró a ambas y al ver que estaban bien volvió a su puesto de trabajo. Ellas dos caminaron en silencio hasta la puerta, cada una se iba por un lado, pero antes sin poderlo evitar se miraron y a la vez…
- Te apetece – sonrieron como dos bobas.
- Tu primero – dijo Ana.
- ¿Te apetece al terminar tomarte una copa? – vaya, pensó, claro que le apetecía.
- ¡Claro! – calma Ana calma – si no estoy muy cansada – mejor así.
- Bueno, pues si quieres subes al quinto y así conoces a Boby – dijo coqueteando aun más con ella.
- Ahm… - no dudaba solo temblaba de ganas de que pasaran las 8 horas – claro, me encantará conocerle.
Se despidieron, cada una andaba hacia su trabajo con una sonrisa, no sabían porque pero estaban relajadas y con ganas de que llegase la noche.
Ese día fue largo y agotador, siempre que tenía planes interesantes pasaba eso, pero aun así la copa con ella no se la quitaba nadie, tenía unas ganas locas de volver a verla. En la clínica Pablo y Lidia le habían dicho que parecía contenta y es que lo estaba.
Salió en punto y se encaminó a su casa, tenía que ducharse y cambiarse para subir a verla, aunque no habían concretado hora, pero bueno supuso que sobre las 8 sería buena hora. Aprovechó para depilarse, siempre hay que estar perfecta, pensaba, mientras sonreía cantando y buscando que ponerse.
A las 8 en punto llamó a su puerta, pero no se oía nada dentro, ¿sería pronto? ¿Tarde? Se estaba poniendo nerviosa, se miró los pies, las manos, parecía que había vuelto a los 5 años. De pronto la puerta se abrió y apareció ella, preciosa, con un jersey blanco largo y unos vaqueros, la miró sin decir nada mientras ella hacía lo mismo.
- Hola – dijo rompiendo el hermoso silencio.
- Hola – le costaba hasta respirar.
- ¿Pasas? – vale ahora parecía idiota inmóvil en la puerta.
- Sí, perdona, te he traído algo de cena por si teníamos hambre – vaya ahora eso no sabía si había sido buena idea.
- Perfecto, mi vino y tu cena hacen una combinación ideal – que guapa era por favor.
Un enorme perro vino a recibirla cuando cruzó la puerta, lo saludó cariñosamente, jugando con él, mientras notaba como la observaba apoyada en la pared con una sonrisa. Pasaron al sofá y se sentaron, mientras el perro se tumbaba en su manta al otro lado de la habitación. No se miraban, los nervios eran lo único que ambas sentían, nervios y ganas de… nervios. Ana dio el primer paso, se giró y la miró a los ojos verdes, enormes y preciosos, mientras Ilia hacia lo mismo. Ya no había vuelta atrás, sus rostros se fueron acercando hasta fundirse en un hermoso y suave beso.
Sus manos agarraron la cara de la otra, sus cuerpos estaban cada vez mas pegados, se besaban sin casi conocerse, se amaban y ni siquiera sabían porque. Ella la abrazó tumbándola en el sofá para poder ponerse encima y así seguir con los besos, sus manos ya estaban por debajo de su ropa y pronto la ropa les empezó a estorbar.
Y ahora dormía a su lado, desnuda y tranquila, mientras ella no podía dejar de mirarla y pensar en lo que se alegraba de haber cogido el ascensor esa mañana. Le acarició el pelo y entre sueños abrió los ojos.
- ¿Qué haces?
- Nada, pensaba – acostándose a su lado y dejando que apoyara su cabeza encima de su pecho.
- ¿Y en qué si puedo saberlo? – le iba acariciando la piel desnuda con su dedo mientras esperaba su respuesta.
- En lo mucho que me alegro de haber cogido el ascensor – dándole un beso en el pelo.
- No tanto como yo – levantando la cara para besarla - ¿tienes sueño?
- Para nada… - volviendo a besarla.
- Perfecto… - poniéndose a horcajadas encima de ella y empezando a besarla de nuevo.

- FIN -


1 comentario:

  1. Esta historia es una de mis favoritas, la escribí hace unos años y es una de esas cosas que digamos siempre sueñas que pueda pasarte, encontrar a la chica perfecta en el sitio más insospechado... como la mayoría de mis relatos, cuentos o historias tienen un punto de realidad o deseo. Solo espero que la disfrutéis.

    un beso

    PD: Cualquier crítica constructiva es bienvenida, siempre! ^^

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